Si hay algo
que la vida me viene enseñando hace bastante tiempo, es que con las mentiras no se llega a ningún lado, más que hacer daño y
lastimar a muchas personas.
Cuando
hablo de las mentiras, me refiero a todas en general, no solamente a las
elaboradas, las que salen de nuestras bocas, sino que, también las que abarcan
emociones, actitudes, en fin… fingir. Por ejemplo: ¿para qué fingir que nos
preocupa una persona cuando no es así? ¿Para qué hacerle creer algo que no es? ¿Tanto
nos importa quedar bien con los demás?
Uno a veces
se pone a analizar la cantidad de gente mentirosa, y por afición, que nos
rodea. ¿Tanto cuesta decir la verdad? o ¿será que la costumbre de mentir ya se
volvió natural para muchos? No lo se, pero provoca esa sensación de falsedad
que no agrada en lo más mínimo, y a
veces son tan espontáneas que sorprenden. Debe ser que el “dar una imagen” nos
comió la cabeza.
Personalmente,
cuando descubro que alguien me mintió o me está mintiendo, no se lo hago saber,
sino que, lo “juzgo silenciosamente” –por así decirlo- para ver cuanto tiempo
más lo hace, hasta donde es capaz de llegar, ya que todos sabemos que hay
mentiras y MENTIRAS.
En cierto
punto, a veces no está mal mentir si es una de esas famosas “mentiras piadosas”
-cada tanto- no le hacen mal a nadie –En realidad depende de quién sea la
persona a la que se la digamos-. Aunque, también nos podemos encontrar con los
que quieren/intentan quedar bien con todo el mundo, que dicen todo el tiempo lo
que cada uno quiere escuchar. Si tienen una actitud hipócrita, SIEMPRE tienen
una excusa o historia (mentiras) para explicarlo y quedar bien parados.
Las mentiras
que más nos duelen o pueden hacerlo, son las de esas personas que nosotros
tanto queremos, apreciamos y sobre todo confiamos, porque justamente esto
último es lo que resulta más afectado, dolido, en fin, traicionado.
La
confianza no es algo que le entregamos a cualquiera ni que se gana fácil. Dar
confianza es, a mi parecer, una de las cosas más importantes que se le puede
brindar a una persona.
Si nos
ponemos a pensar, está presente en todas las buenas relaciones, ya sea con una
pareja, amistades, familia, etc. En las personas que queremos, entonces ¿la
confianza lleva al aprecio? O ¿el aprecio lleva a la confianza? No lo se –y
tampoco tengo muchas ganas de adentrarme en el tema- pero si se que las dos
cosas van de la mano.
Obviamente
hay diferentes grados y tipos de confianza, ya que con un compañero o compañera
no vamos a tener la misma confianza que con las amistades. Con eso podemos
medir el amor/aprecio que le tenemos a una persona? Más te quiero, ¿más
confianza te tengo? (O viceversa) Puede ser que así sea, todo depende de cada
persona y qué tan importante sea esto para cada uno.
¿En verdad
se puede tener confianza al 100% con alguien? ¿Por qué muchas veces sentimos
que nos mienten aunque sea una vez?
En fin, la
confianza se demuestra con actos, no con palabras que se lleva el viento.


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